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Difícil resulta no emocionarse
cuando se escuchan las notas
plenas de cubanía de la criolla
“El mambí”, de Luis Casas
Romero: “Allá en el año noventa
y cinco, / y por la selvas del
Mayarí/ una mañana dejé el
bohío,/ y a la manigua salió un
mambí./ Una cubana que era mi
encanto,/ y a quien la noche
llorando vio,/ al otro día con
su caballo,/ buscó mis huellas y
me siguió… ”.
Su compositor, prominente figura
de nuestra cultura y, sin
embargo, como apuntó
recientemente el escritor
Roberto Méndez Martínez “su
legado está todavía por
aquilatar en su totalidad”.
Excelente músico, del que se
dice fue en sus días uno de los
más notables flautistas de
América, Luis Casas Romero, a
quien se le reconoce también,
por si fuera poco, como fundador
de la radio en Cuba.
Nacido en Puerto Príncipe el 24
de mayo de 1882, desde muy
pequeño, según cuenta la
historia, mostró excepcionales
dotes para la música. Su primer
maestro en esa disciplina fue el
español Gregorio Cánova. Siendo
un niño integra la orquesta de
la Sociedad Popular Santa
Cecilia. En su adolescencia,
cautiva a sus coterráneos al
interpretar complejas obras de
concierto.
Su pasión por la música no lo
apartó de sus ideales
independentistas; muy por el
contrario. Con apenas 15 años se
incorporó a las filas del
Ejército Libertador bajo el
mando del general López Recio.
En la manigua, fue nombrado
corneta de orden. La guerra le
dejó una profunda herida en la
pierna derecha.
Al terminar la contienda, en su
Camagüey natal, el joven Casas
Romero fundó la Banda de Música
Infantil y con ella comenzó a
dar retretas en los parques.
También ofreció recitales muy
elogiados por la crítica y el
público, como el del 5 de junio
de 1904 cuando interpretó con el
flautista Manuel Mateo y
acompañado al piano por José
Molina, el “Dúo de concierto”,
de Krakamp, opus 78, para
flauta, y como solista la
“Fantasía” sobre motivos de la
ópera Hernani, de Verdi.
A poco se establece en La Habana
donde ejerció en un principio
como flautista de la orquesta
del célebre teatro Alhambra,
dirigida por Jorge Anckermann.
No pasó mucho tiempo para que
estuviera al frente de las
orquestas de los teatros Martí,
Payret y Molino Rojo, entre
otras.
Impartió clases de flauta,
solfeo, teoría de la música y
composición, entre otras
especialidades, nada menos que
en el muy prestigioso
Conservatorio Hubert de Blanck,
entonces la más importante de
las instituciones de ese tipo en
el país.
Llegó a ser director además de
la Banda del Estado Mayor del
Ejército, cargo que ocupó hasta
su muerte, ocurrida en La Habana
el 30 de octubre de 1950.
Una de sus creaciones, de la que
muy poco se habla, por cierto,
fue la primera fábrica
electromecánica de rollos de
pianola, fundada por él en 1918,
y en la que participaron músicos
de la talla de Ernesto Lecuona,
Moisés Simons, Nilo Menéndez,
Jaime Prats y Vicente Lanz.
Luis Casas Romero fue miembro de
número de la Academia Nacional
de Artes y Letras y secretario
de su Sección de Música.
En su amplio quehacer como
compositor que incluye los
caminos de la suite y del poema
sinfónico, sobresalen con luz
propia los géneros típicos de
nuestro cancionero, caudal que
logró engrandecer al crear uno
nuevo: “la criolla”, siendo
“Carmela” la primera que
escribió dentro de esa variante
genérica, y la más conocida, sin
duda, “El mambí”.
Asumo como propias, pues, las
palabras de Roberto Méndez
Martínez quien califica al
camagüeyano Casas Romero como
“una de las figuras más audaces
y emprendedoras de su tiempo,
que espera por el pronto estudio
y difusión popular de lo mejor
de su labor creativa”. Que así
sea. |