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La identidad no deja de ser una especie
de juego virtual al que nos es
imprescindible referirnos para explicar
cierto tipo de cosas, pero sin que tenga
nunca una existencia real..., un límite
al cual no corresponde en realidad
ninguna experiencia.
Lévi-Strauss, La identidad
Nota introductoria
Desde los tiempos de la España medieval
cristiana los gobernantes aceptaban con
la mayor naturalidad su condición de
reyes de las tres religiones, razón por
la que en las inscripciones funerarias
procuraban alcanzar las raíces
culturales de todos sus súbditos,
haciéndolos escribir en latín, árabe y
hebreo.
Con la toma de Granada por la monarquía
española, y el decreto por lo que se
obligaba a la conversión, surgen
aquellos que para no arriesgarse a la
pérdida de sus tierras aparentan una
conversión al cristianismo y al
catolicismo en particular; surgen los
criptomusulmanes (moriscos o moriscotes)
dado que se tendría en cuenta para negar
a los descendientes el estatuto de
limpieza de sangre que exigía la
inquisición.
Con el descubrimiento de América (1492)
arriban a las tierras americanas los
primeros elementos de la cultura árabe
y, según el criterio de investigadores e
historiadores, fue uno de los elementos
que aseguró el éxito de la expedición de
Cristóbal Colón, en lo fundamental a la
aplicación de la más alta y superior
técnica y experiencias de navegación
de los árabes, incluyendo el astrolabio,
instrumento con el cual medían la altura
de los astros sobre el horizonte y sus
movimientos y que sirvió para
confeccionar tablas astronómicas. Del
mismo modo utilizaron el noctulabio para
determinar la duración de la noche, así
como la utilización de las velas
triangulares del mismo origen y la
utilización de expertos marineros
árabes, lo cual nos recuerda la
dominación árabe sobre la península
ibérica por más de ocho siglos.
Los árabes: un nuevo ingrediente al
ajiaco de la cultura cuba
La influencia de la cultura árabe
también estuvo presente en el componente
africano como mano de obra esclava.
Llegaron grupos de musulmanes, sobre
todo de los territorios de Achanti,
Carromanti y Fulanis,
especialmente a partir del siglo XVIII,
de los cuales muchos sabían leer y
escribir y tenían conocimientos de
muchas materias, entre ellas de
medicina, por lo que muchos fueron
utilizados como médicos, especialmente
en Jamaica. Testimonio de esto nos lo
brinda Fernando Ortiz, quien comprobó la
presencia berberisca a través de
esclavos negros llegados a Cuba en 1568.
Otro referente aparece en los libros
bautismales de la Catedral de La Habana
en el siglo XVI,
lo que permite sugerir que con los
conquistadores españoles llegaron los
árabes conversos al cristianismo, aun
cuando tuvieron la oportunidad de
expresar sus imaginarios religiosos a
través de las artes y la arquitectura.
Un detalle curioso es que gran parte de
los edificios de La Habana Vieja están
orientados hacia la Meca.
Con la conquista y colonización la
presencia árabe pasa a ser un
ingrediente más de la conformación de la
etnogénesis de los pueblos americanos.
Esta
presencia árabe aportó nombres,
palabras, alfabeto, arquitectura,
actitudes sociales y valores culturales
a todos los pueblos colonizados del
mundo americano en los que ejercieron
una marcada influencia. Dentro de esta
subyace el legado hispano-musulmán que
España en el proceso de conquista y
colonización volcó en nuestras tierras
de América como parte de la cultura
material y espiritual, permeada de la
onda y benéfica influencia árabe, y que
aún prevalece en muchas de nuestras
costumbres, en la forma de nombrar
muchas cosas, al haberse enriquecido
nuestro idioma español con millones de
vocablos derivados de la lengua de los
árabes, al igual que la arquitectura,
los oficios, la farmacopea, etc.
El barrio árabe de Centro Habana
Es a partir de la segunda mitad del
siglo XIX hasta la primera del XX, que
tiene lugar en Cuba fundamentalmente la
entrada de libaneses, palestinos, sirios
y en menor cuantía egipcios, argelinos y
yemenitas por el puerto de La Habana y
Santiago de Cuba.
Entre los lugares de asentamiento
estuvieron las regiones urbanas de la
Isla, las zonas comerciales, y los
pueblos con desarrollo de la industria
azucarera y la actividad ganadera.
Entre los años 1860 y 1930, se calcula
que a Cuba arribaron unos 33 000 árabes.
Ya por esa época, entre 1931 y 1951, la
población musulmana en Cuba se duplica y
los descendientes de aquellos esclavos
vuelven su mirada hacia África y el
Islam.
En La Habana, además del Centro
Histórico y el municipio Centro Habana,
los árabes residieron en otros
municipios de la ciudad. Así, podemos
localizarlos en Marianao, Santa Amalia,
el Juanelo, etc.
La gran mayoría se asentaron en el
llamado Barrio Árabe de La Habana, que
abarcó las calles de Monte, San Nicolás,
Corrales, Antón Recio y Figura, zona que
inicialmente fue poblada por españoles
peninsulares, pero en la que, a partir
de la década de 1870 del siglo XIX,
surgió un discreto asentamiento de
inmigrantes libaneses, sirios y
palestinos.
Los inmigrantes del barrio árabe
desarrollaron en ese entorno una
significativa infraestructura social que
incluyo la creación de sociedades
benéficas y culturales, prensa
periódica, comercios y una organizada
actividad religiosa.
Un elemento que favoreció el comercio de
esta comunidad fueron los estragos
causados por la Guerra de Independencia
(1868-1878), que trajeron como
consecuencia una economía necesitada de
nuevas fuerzas de trabajo, y propiciaron
las incursiones de los árabes en la
esfera de venta de productos textiles,
primero como vendedores ambulantes;
luego, como propietarios de pequeñas
tiendas, y finalmente como almacenistas
e importadores.
Las sociedades árabes en Centro Habana
La primera referencia en cuanto a
sociedades árabes en Centro Habana, la
podemos encontrar en una hospedería de
la calle Monte No. 248. Ya en 1885
comienza el vínculo de estas familias
con la parroquia católica de San Judas
Tadeo y San Nicolás de Bari, según
consta en libro de bautismo de blancos.
Las asociaciones étnicas árabe (que se
sumaron más de treinta) eran de tipo
benéfica y recreativa, alguna tenían una
finalidad política-religiosa,
destacándose la Sociedad Palestina, por
ser esta una de las más antiguas,
fundada en 1919 en Ciudad de La Habana
para agrupar a la colectividad de origen
palestino y se caracterizó por ser una
de las sociedades árabes de más pujanza
en Cuba.
Por no poseer local propio, las
reuniones y actividades sociales se
efectuaban en la casa del secretario,
ubicada esta última en la calle
Alambique No. 4 esquina Plazoleta. Más
tarde, tuvo local propio en la calle san
Nicolás No. 220 y pasó, finalmente, a
radicar en la misma calle San Nicolás e/
Corrales y Gloria.
Los salones de estas sociedades
sirvieron para reuniones familiares,
festejos y bodas, así como para aulas en
las que se enseñaban a sus miembros a
leer y escribir en su lengua natal y
posiblemente este haya sido el primer
lugar en Cuba en que se enseñó el idioma
árabe.
En los primeros años del siglo XX arribó
a la Isla una segunda oleada de
inmigrantes árabes, entre los que se
destacaron los cristianos maronitas del
Líbano, que también se asentaron en el
barrio de Los Sitios, en el barrio de
Rancho Grande en Santiago de Cuba, en el
municipio de Palma Soriano, en Ciego de
Ávila y en Camagüey. Su actividad
laboral estuvo dedicada en lo
fundamental a la venta ambulante y, a
pesar de su elemental español, este le
fue suficiente para entenderse con los
cubanos.
La sociedad libanesa de La Habana
Fundada en el año 1920 desempeñó un
papel relevante dentro de las
instituciones árabes. El primer local de
esta sociedad se encontraba en la calle
Monte, altos e/ Carmen y Figuras.
Posteriormente en 1951, hubo una
separación en su membresía por lo que
una de sus parte pasa a radicar en la
calle Amistad e/ Reina y Dragones y
continuó llevando el nombre de Sociedad
Libanesa, la otra parte de esta
membresía se estableció en la calle
Indio No. 534 e/ Monte y Rayo, con el
nombre de Unión Líbano Cubana. Entre sus
actividades más sobresalientes podemos
mencionar las que se realizaban en honor
del 22 de noviembre, Día de la
Independencia del Líbano. Esta fecha
siempre se celebraba un domingo cercano
a la citada fecha, en un centro
recreativo, con comidas, brindis
típicos, tómbolas y rifas.
El culto maronita
La presencia árabe, por la diversidad de
lugares de origen se distinguió por su
diversidad de cultos, y entre los más
activos se destacan las practicas
litúrgicas maronitas, quienes contaron
con cuatro párrocos de su rito en La
Habana. Estas celebraciones se
realizaban en lengua árabe, en las
parroquias de San Judas y San Nicolás,
Jesús, María y José y del Santo Cristo
del Buen Viaje.
También los maronitas oficiaron bodas,
bautismos y defunciones de los miembros
de la comunidad cristiana o árabe. Ya
desde el año 1895 se efectuaban
matrimonios interétnicos en la Parroquia
del Santo Cristo del Buen Viaje.
A finales de la década de 1930 hasta
1952, en esta iglesia ofició Monseñor
Juan Kouri Aramouni, el cual participó
en la colocación de la imagen de San
Marón, patrón de la feligresía maronita
en 1943, y del panteón de la Sociedad
libanesa de La Habana, en el Cementerio
de Colón.
La prensa escrita
En el proceso de inculturación de la
comunidad árabe en la sociedad cubana de
fines del XIX y principio del XX, la
misma llegó a tener su propia prensa
escrita con la edición de periódicos en
idioma árabe y castellano, entre los que
se destaca el diario AL-FAIHAA
(El espacioso) fundado el 16 de enero de
1931 por el inmigrante Kassin El-Himani,
cuya redacción estuvo localizada en la
calle San Nicolás No. 220.
La comunidad y sus oficios
Dentro de los oficios en que se
desempeñaron estuvo el comercio
ambulatorio, en el que adquirían retazos
de telas a muy bajos precios y
confeccionaban con ellas distintas
piezas de vestir que luego vendían de
casa en casa.
Con la apertura de almacenes de encajes,
sedas, alfombras y otros géneros, o el
establecimiento de oficinas comerciales,
convirtieron la Calzada de Monte en una
importante arteria comercial de la
capital en cuyo entorno radicaron
quincallerías, joyerías, tiendas de
tejidos, sastrerías, mueblerías,
platerías y restaurantes que ofrecían
platos típicos de la culinaria
levantina.
Se destaca dentro de la misma comunidad
el establecimiento La verdad
de Maluf, el cual fue trasladado de la
calle Monte No, 15 esq. Condesa.
Otra de las zonas de comercio fue la
calle Bernaza, en la que
confraternizaron con comerciantes
judíos.
Hacia 1930 comenzaron a desarrollar la
especialización en restaurantes y
fondas. Dentro de la barriada de Monte
se destacó la llamada Fonda de los
libaneses, en la calle San Nicolás,
administrada por Adle Shded y su hija
Nazira Nemer, donde se expedían platos
regionales como el Kibbeh, el Shik Barak
y otros alimentos a partir de carnero y
vegetales.
Otro restaurante famoso fue El árabe,
propiedad del descendiente libanés
Antonio Hebeiter y su esposa, más
conocido como el restaurante de Antonio
y Rosa, ubicado este en la calle Indio
No. 19 el cual fue comprado a
propietarios libaneses Youssef Abbo y
Abdallah Chain.
Otro negocio fue la firma Faro del
sector industrial, la cual se dedicó a
fabricar y comercializar objetos y
trofeos deportivos y fue ubicada en la
calle Industria no. 454.
Para 1954, muy a pesar de la
competencia, aparecen nuevos nombres
como el de los hermanos Banet Saiden en
la calle Galiano, los Chedeak en Monte,
Salomón A. Chokha en Belascoaín y Juan
Daxie en la calle Maloja.
Con el freno de la inmigración árabe,
los cambios generacionales, las
migraciones hacia los Estados Unidos y
países de origen, se produjo el fin del
comercio sirio, renglón ocupacional que
identificó a este grupo.
Conclusiones. El impacto de la cultura
árabe en la cultura cubana
Cuando ya se conocen cada uno de los
componentes que han conformado la
cultura cubana y hasta su hora de
llegada a nuestras tierras, es
importante destacar la influencia de
cada uno de estos grupos en los
caracteres identitarios de la cubanía.
De la influencia árabe se viene hablando
casi desde los tiempos del mismo
Cristóbal Colón hasta los más recientes
estudios que recogen las áreas donde más
influyeron. La presencia árabe se hizo
sentir con más vigor en el lenguaje, la
arquitectura, la música, los hábitos
culinarios y la medicina.
La influencia fundamental de la cultura
árabe nos llegó a través de la lengua,
términos como zaguán, azotea, sofá,
alcoba, alacena, anaquel, tarimas,
tabique, alfombra, almacén, almohada,
propios del mobiliario, útiles y parte
del hogar, etc.
De la cocina nos llegaron términos como
berenjena, acelga, aceite, almíbar,
azafrán, paella, arroz, azúcar.
De los materiales y herramientas de
construcción nos legaron términos como
alicate, azoque, albañil, azulejo,
avería, adoquín, atalaya, acequia,
alberca, aljibe, alcantarilla, alféizar,
alcanfor, andamio y alquitrán, etc.
En el vestuario encontramos términos
como bata, gabón, alpargata, ajuar,
toldo, alfiler, alhaja, etc.
De los términos administrativos tenemos
aduana, arancel, aldea, alcalde,
alguacil, tarifa, sultán, alquiler, etc.
Del universo de las plantas tenemos
árboles, flores, adelfa, azucena,
jazmín, algarrobo, algodón, tamarindo,
este último proveniente del Tamal hindi,
y significa dátil de la India.
Entre los nombres de animales también
tenemos términos de raíz arábica,
jabalí, lobo, alacrán, etc.
Todo esto nos permite comprobar cuan
arabizada o cuanta influencia ha
ejercido la cultura árabe como elemento
enriquecedor de la cubanía.
Bibliografia
Tomado de Sociedades
Árabes de Cuba. Apuntes históricos.
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