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Esta podría ser la línea
argumental de una de las tantas
películas que siempre tienen la
palabra “red” en alguna parte
del título: un grupo de expertos
se desespera ante su incapacidad
de identificar al enemigo sin
rostro que, detrás de un
ordenador, dirige sus fechorías;
luego él comete un error y es
todo lo que necesita un cuerpo
de seguridad para irrumpir en la
casa del hacker y tomarlo
prisionero.
Hasta aquí la historia pudiera
funcionar para una obra de
ficción; pero si el hacker
adopta una identidad, Netkairo;
los hombres en su búsqueda son
expertos y agencias de seguridad
de varios países y los daños
causados son muy reales,
entonces ya no se trata de una
película, sino de la saga de
Mariposa, nombre que recibió una
gigantesca “botnet”, término
técnico con el que se conoce a
las redes de computadoras
infectadas, convertidas en
zombis, por la acción de un
virus.
Durante un largo tiempo Mariposa
mantuvo a muchos en tensión.
Nadie parecía capaz de
identificar a los miembros de la
red y los estragos causados
seguían en aumento. Los hackers
controlaban millones de
ordenadores —la policía española
manejó una cifra cercana a los
13— y esto los convertía en una
opción muy atractiva en los
planes de otros criminales.
Para camuflar sus identidades,
Netkairo y sus secuaces
empleaban múltiples vías,
especialmente hacían uso de las
llamadas “redes privadas
virtuales” y a las agencias de
seguridad informática les
resultaba imposible determinar
las direcciones IP (Internet
Protocol) desde las que
provenían los ataques.
El modo de acción para sumar un
ordenador a la “botnet” era
sencillo: un fallo en la
seguridad de los navegadores
posibilitaba la entrada de un
virus, adquirido a través de
Internet, el cual convertía a la
computadora en zombi, es decir,
podía ser controlada a distancia
y el usuario ni siquiera notaba
que estaba siendo utilizado para
actividades ilícitas.
Una vez que los hackers tenían
conformada una amplia red, la
aprovechaban para múltiples
propósitos: en primer lugar
extraían información personal
almacenada en los zombis
(números de tarjetas de crédito,
cuentas bancarias) y luego
“blanqueaban” ese dinero a
través de juegos online de póker;
además, obligaban a los
ordenadores a visitar sitios que
tuvieran contratos con Google y
de esta manera, al recibir
millones de visitas, pues más
cobraba ese sitio web por la
publicidad.
Como si esto no fuera
suficiente, el DDP —Días de
Pesadilla Team, nombre
seleccionado por los hackers—
también alquilaba sus zombis a
otros grupos para que estos
lanzaran, sobre todo, ataques de
denegación de servicio. Por
ejemplo, si alguien quería dejar
a un sitio sin conexión, le
pagaba a DDP para que dirigiera
millones de peticiones al
servidor donde estaba alojado el
sitio atacado. Estos servidores
no aguantaban las demandas, y la
página quedaba fuera de
servicio.
Mariposa centró la atención de
los expertos y la solución al
problema llegó de una forma
inesperada: finalmente en
diciembre de 2009 la “botnet”
dejó de funcionar. Esto no lo
esperaba Netkairo, y cometió el
error de intentar recuperarla
sin antes enmascarar su
identidad. El hacker se conectó
desde su hogar y la policía solo
tardó unos minutos en llegar a
la casa donde habitaba el
hombre, cuyo nombre no fue
revelado, pero sí que tenía 31
años de edad.
Para sorpresa de muchos, solo
fueron capturadas tres personas,
todas de nacionalidad española,
quienes supuestamente manejaban
Mariposa; aunque esto no queda
claro todavía porque ninguno de
los piratas poseía grandes
conocimientos técnicos, lo que
deja abierta la posibilidad de
que fueran intermediarios.
Con la detención de los
implicados, llegaron más datos
que ilustran cuán extendida
estaba la “botnet”: las víctimas
de Mariposa —ordenadores
controlados— podían localizarse
en 190 países e incluían a
usuarios domésticos, medianas y
grandes empresas, universidades
y hasta agencias
gubernamentales.
La caída de la red Mariposa, más
allá de las historias policiales
que probablemente se verán
reflejadas en algún momento en
el cine, colocó en la agenda
pública, una vez más, el tema de
la seguridad informática. ¿Es
suficiente tener un software
antivirus? ¿Cómo evitar que
nuestra computadora se convierta
en zombi de una “botnet”? Son
preguntas que se hicieron muchos
internautas en distintos foros
de Internet. Lo más preocupante
podría ser que las respuestas no
son del todo convincentes ni
efectivas, quizá porque los
hackers también las conocen. |