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El próximo viernes 12 de febrero, Argos
Teatro estrenará en su sala de Ayestarán
y 20 de Mayo, Reino dividido, la
obra que ampara bajo la ficción de un
teatro con raigambre histórica, a Miguel
Hernández y Pablo de la Torriente Brau.
También junta a su autor, Amado del
Pino, con el director Carlos Celdrán,
dos nombres de indudable importancia en
nuestro teatro más reciente que, sin
embargo, nunca habían cruzado sus
respectivas creaciones sobre un
escenario. En apariencia asimétricas,
sus trayectorias tienen, cuando menos,
un punto en común: el vivo interés por
un teatro de ideas que refracte los
intereses de la polis o, si se quiere
decir con una categoría clásica, por un
teatro político.
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Desde que Amado del Pino retomó su
condición de autor dramático, pospuesta
entre el ejercicio de la crítica y el
periodismo, y dio a conocer El zapato
sucio en 2002 con el aval del primer
Premio de Dramaturgia “Virgilio Piñera”,
la visión crítica de su entorno se ha
hecho patente además en Penumbra en
el noveno cuarto,
Triángulo, En falso y
Cuatro menos. Piezas todas
interesadas en un registro del universo
humano y sentimental de personajes
atravesados también por nuestra historia
más reciente. Personajes populares, de
la calle, seres “normales” transidos por
sus angustias y desgarramientos.
Mientras, Carlos Celdrán ha delineado en
esta misma década un camino que indaga
en personajes situados al margen de los
ejes más visibles de la Historia.
Sirviéndose al principio de Brecht,
Calderón o Strindberg, el viaje de Argos
Teatro ha continuado entre
contemporáneos y clásicos (Azama, Ibsen,
Fornés, Kater, Beckett), y un cubano,
Abel González Melo.
Reino dividido
es, tanto para Del Pino como para
Celdrán, una oportunidad de apresar y
discutir sus obsesiones y lenguajes, al
mismo tiempo que lo hacen sus
protagonistas. Se trata de una apuesta
diferente porque el paisaje temático es
rigurosamente cierto y Miguel y Pablo
son, de alguna manera, conocidos, además
de conscientes labradores de Historia
con mayúscula, aunque yo espero, por
supuesto, que este espectáculo amplíe la
dimensión de sus figuras entre quienes
los desconocen. Y lo haga, de hecho,
como corresponde a la inteligencia
intrínsecamente dramática del teatro, es
decir, que los haga vivir y colisionar
frente al público.
Ello supone que Carlos observe esta
encrucijada para mirar con agudeza los
conflictos entre los individuos y las
circunstancias históricas, entre el
intelectual y la Historia, de nuevo con
mayúscula, como ha sido constante en sus
montajes, tironeado por Brecht. Él mismo
agrega que Reino dividido
no es el típico texto de ocasión para un
homenaje por el centenario de Miguel
Hernández, sino una obra contradictoria,
meditativa, teatral en definitiva.
Alegra que Del Pino haya entrevisto esta
ficción como resultado de la ardua y
extensa investigación que ha realizado,
aquí y en España con su compañera Tania
Cordero, sobre Miguel y Pablo —pesquisa
que parirá otros frutos. Ha dicho
seguir las pautas, los principios
creativos, más que el calco de
procedimientos, de su maestro Abelardo
Estorino al abordar este a José Jacinto
Milanés en esas espléndidas obras que
son La dolorosa historia del amor
secreto de don José Jacinto Milanés
y Vagos rumores. La afirmación
puede tomarse como una humilde y hermosa
manera de insertarse en una tradición al
cumplir Estorino 85 años y el propio
Amado 50.
Reino dividido
comprueba una vez más la enorme
capacidad del Centro Pablo para
multiplicar proyectos en torno a la
figura que le da nombre, sin desdorar
otras ayudas y apoyos. Ojalá que todo
héroe, todo mártir, toda gran figura
nuestra tuviera detrás, o al lado, a un
equipo como el encabezado por Víctor
Casaus.
El propio Víctor recordaba que en 1943,
Cuba fue el primer territorio de
homenaje a Miguel Hernández, en el cual
participaron Nicolás Guillén, Juan
Chabás, Ángel Augier, entre otros.
Mientras cierta España se entretiene con
los asunto menores de la herencia del
poeta de Orihuela; en su centenario,
esta Isla lo sitúa de nuevo junto a
Pablo, en una trinchera distinta a
aquellas de la Guerra Civil Española que
compartieron en el fragor de una pelea
por la humanidad, pero, no me cabe
ninguna duda, que los une otra vez para
seguir combatiendo, desde el teatro, en
el mismo bando. |