LA GRAN DECISIÓN (V): Camilo estaba
seguro de que el ejército no iría a
buscarlo monte adentro, esperaba que
los invasoras estuvieran en un
terreno favorable para atacarlos o
emboscarlos en cualquiera de los
caminos que escogieran para
continuar la marcha. Asimismo, el
jefe rebelde analizó el estado
físico de sus hombres. Confiaba en
su alta moral combativa; pero
comprendió que no estaban en
condiciones de enfrentar una cadena
de combates sin grandes pérdidas.
Tenía presente también la orden de
Fidel en cuanto a la marcha.
Por ello, el jefe guerrillero
consideró que tenía que burlar a los
esbirros y evitar encuentros con sus
emboscadas. Esto se lograba si la
tropa invasora cruzaba la línea de
Baraguá al Embarcadero, hacia el
norte, antes que se detectaran su
ubicación y comenzara el cerco. La
columna tomaría entonces hacia el
norte, con lo cual desorientaría
completamente a los “sesudos”
oficiales del tirano, incapaces de
imaginar siquiera tal decisión, pues
como siempre trataban de comparar su
valor con la moral combativa de los
revolucionarios: si ellos, por temor
no se internaban en el monte los
rebeldes según sus cálculos no
saldrían de éste por la misma razón.
PLAN DE CAMILO: La idea inicial del
Comandante invasor consistía en
alejarse de la zona de Baraguá,
rumbo al norte para luego conseguir
camiones dirigirse por caminos del
Norte de la Carretera Central hacia
el Oeste y de nuevo cruzar al Sur,
atacar alguna unidad, mas con el fin
que cuando el mando castrense se
diera cuenta de que los insurrectos
habían salido de la zona de los
montes de Baraguá, sacaran sus
tropas o parte de ella para
reiniciar su persecución con lo cual
facilitaría el cruce a la Columna de
Che, dividiendo así las fuerzas del
ejército. Y de ser posible lo
anterior tratar de alcanzar el
territorio de Las Villas lo más
rápidamente posible. Luego de este
análisis, el jefe guerrillero
decidió comenzar la marcha. Entonces
el Señor de la Vanguardia le dijo al
Auditor:
—Fíjate, tú que vas en la punta de
la vanguardia, te encargarás de que
el cabo Trujillo no se escape, él
debe ir contigo.
—No te preocupes, Camilo, que un
solo intento y es hombre muerto—respondió
el columnista.
Lo miró muy serio. Y advirtió:
—No, qué va, este hombre no se puede
escapar, pero tampoco se puede
morir.
—¿Cómo? —exclamó Gálvez.
—¿Tú no comprendes que si este
hombre se muere nos será difícil
salir de aquí?
—¡Sí! Pero, si él se escapa, el que
se va a morir soy yo —dijo con
preocupación el rebelde.
—Está bien, pero, trata que nada de
eso suceda y no te preocupes, que
con el miedo que tiene no será capaz
de escaparse. —Dicho esto se retiró.
¿Cómo llevar un prisionero de
práctico por una ruta que exigía
avanzar rápidamente? Antes del
amanecer debían recorrer unos 25
kilómetros, por malos caminos, para
llegar a lugar seguro
—según
el cabo, después de la carretera
central o cerca de ella—.
El auditor consideró que lo más
apropiado era amarrar una soga a la
cintura de ambos. El único riesgo
era que si al cabo le dabas por
correr de seguro lo arrastraba
fácilmente
—analizó
el capitán—,
pues Trujillo era un hombre fuerte,
de unos seis pies y el columnista
más bajo, muy flaco y desnutrido. No
obstante, esa era la única forma de
seguirlo con cierta seguridad.
Camilo aceptó la idea. Después de
las cinco de la tarde se dio la
orden de partida. El monte permitía
poder caminar un tramo a la luz
solar.
Cuando Trujillo fue amarrado con el
oficial, es advertido que su vida
dependía de no cometer ningún
intento de fuga o hacerlos caer en
una emboscada, pues quizá escuchara
el primer tiro, pero no los otros.
En aquella ocasión, la jornada fue
más dura. Atravesaron varias fincas
procurando no dejar grandes rastros.
Cruzando a corta distancia del
central Baraguá. En la colonia
Guanal, se oyó Radio Rebelde
escuchada siempre que era posible;
de ahí la expresión de Camilo, que
los que estaban “chivateaban”,
calificando así, en tono de broma,
las informaciones que daba la
emisora rebelde, acerca del avance
de las Columnas Invasoras.
Muchos compañeros creyeron que se
iba a atacar la guarnición del
central. Se cruzó cerca de una
emboscada. En el camino de la
colonia San Francisco, se
encontraron con el obrero Jorge
Pérez y lo llevaron detenido, por
medidas de seguridad. En la colonia
Santa Teresa, pasaron cerca de otra
emboscada. Cuando se acercaban a
alguna de ellas, Trujillo lo
informaba, por lo que había que
caminar con el mayor cuidado y
silencio. Atravesaron la línea
central del ferrocarril, entre los
poblados de Colorado y Gaspar. Al
amanecer más agotado que nunca, por
el superior esfuerzo de la larga
caminata, acamparon en un cañaveral,
a cien metros de la carretera
central a 21 km de Ciego de
Ávila.
CHE: “Septiembre 27.-
Urgentemente levantamos el
campamento. Un peón nos vio y escapó
corriendo. Hemos marchados todo el
día y la noche presumiblemente por
la arrocera “Aguilera”. Lo único que
hemos comido en todo el día fue un
poco de gofio con leche.”
La finca Las Trancas, donde le
sorprende el amanecer de este
sábado, tenía a unos dos kilómetros
y medio el batey La Oliva, sin
embargo, no se pudo realizar ninguna
compra, pues no apareció ningún
campesino para conducirlo hacia ese
punto.
El mando superior del régimen
consideró que la dirección del
coronel Víctor Dueñas Robert contra
los insurgentes era ineficaz y lo
sustituyeron por Leopoldo Pérez
Coujil, de igual grado y que se
desempeñaba como jefe del tenebroso
Servicio de Inteligencia Militar (SIM).
Y conscientes de que los “forajidos”
van in crecendo, ordenan:
“... A los fines de la mejor
distribución de los servicios de
operaciones de esta provincia se
divide el territorio de este
Distrito Militar en dos zonas.”
(Arch. 716-C-958)
La primera abarcaba los límites con
Oriente hasta los de las ciudades de
Camagüey y Florida, y la segunda, el
territorio existente hasta las
fronteras con Las Villas. Al mando
de los tenientes coroneles Alberto
del Valle y Suárez Suquet,
respectivamente.
Aquí, otro de los incorporados el
pasado 17, desertó, con la agravante
de llevarse una de la bomba-mina. La
actitud del peón que escapó cuando
ve a los rebeldes, hace pensar que
pueda ser un espía militar, lo que
exige alejarse rápidamente de aquel
lugar, aunque faltando el guía. Esto
obligó a que se desplazaran por un
terreno anegado, no solo de agua,
sino de fango, con arroyos, canales
y laguna. Con relación a las
jornadas de esos días, Che escribió
a Fidel:
“...Cruzamos un terraplén de cierto
peligro y nos internamos en la zona
arrocera donde están las grandes
fincas de los hermanos Aguilera. No
teníamos prácticos e íbamos tras las
huellas esporádicas del compañero
Camilo. Desde el día 20 caminamos
casi ininterrumpidamente entre
cenagales.
Tuvimos que abandonar los pocos
caballos que llevábamos más de una
vez; la “mazamorra”1
empezó a hacer estragos entre la
tropa...”
1- Hongo producido por la humedad en
los pies. Nombrado así por los
campesinos.
La marcha la habían iniciado antes
del anochecer y a las 24:00 del
27, el tramo vencido no pasaba
de unos 3 km.