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En algún que otro comentario me he
referido al interesantísimo panorama que
vive el joven jazz facturado por músicos
cubanos en años recientes.
Personalidades decisivas dentro de ese
movimiento son los integrantes
fundadores de Columna B, es decir, el
saxofonista Yosvany Terry, el pianista
Roberto Carcassés, el bajista Descémer
Bueno y el baterista Dafnis Prieto, los
cuales pertenecen a una generación
emergente de creadores que en la
actualidad, a tono con los procesos de
interacción por los que atraviesa la
cultura universal, hacen música cubana
evolucionada hacia lo más contemporáneo
del quehacer sonoro internacional, sin
que eso implique para nada la menor
pérdida de una auténtica cubanía. Ello
lo llevan a cabo a partir del empleo en
su repertorio de concepciones tímbricas
bien modernas y estructuras acordales
complejas, con la utilización de un
soporte rítmico en el que la polirritmia
está presente todo el tiempo. Un ejemplo
de lo antes expuesto se verifica al
escuchar el disco Twisted noon,
que la agrupación realizase para el
sello estadounidense Bombo Music.
El antecedente directo de Columna B fue
el grupo Estado de Ánimo, una banda que
puede catalogarse como de carácter
fundacional para el devenir de los
nuevos derroteros del jazz desarrollado
por artistas locales dentro y fuera de
la
Isla desde mediados de los
90
hacia acá. Liderado por Yosvany Terry,
el ensamble que registró Twisted noon
había experimentado varios cambios en
relación con la nómina inicial del
piquete, para devenir una banda
binacional, conformada por músicos de
Cuba y EE.UU. De los miembros
iniciales, solo permanecía al lado de Terry
Roberto Carcassés, y se habían añadido a
la alineación el contrabajista Yunior
Terry y el batería Josh Jones, como
cuarteto base de los diez cortes de la
grabación.
Contaron, además, con los servicios de
varios ejecutantes afincados en
California, entre los que merece
particular destaque el percusionista y
cantante Jesús Díaz quien, junto a un
sobresaliente desempeño como conguero en
las piezas “Inner guaguancó” y
“Noticiero”, protagoniza un momento de
lujo al intervenir como vocalista en “Ochosi”.
Su voz vuelve a hacer eficaces aportes
en los temas “Estos días” y “Noticiero”.
Él también ejecuta un buen solo de
timbales en “Twisted noon”. Otros
intérpretes estadounidenses que
participan son Marty Wehner (trombón),
con brillo sobre todo en “Twisted noon”,
“Estos días” y ajustadas intervenciones
en “California”, “Here comes the King” y
“Tenderly”; la vocalista Scheherazade
Stone, voz líder en “California” y “Tenderly”,
caracterizada por un amplio registro
como cantante; así como Sandy Cressman
en los coros.
Al formular una valoración de Twisted
noon ha de partirse del hecho de que
desde el primer corte del CD, el
titulado “Llegada a Nueva York”, uno
intuye cuáles son las intenciones de la
tropa encabezada por Terry. En la
composición hay una lograda alternancia
entre los aires afrocubanos y los del
jazz de más pura estirpe. En ese
constante ir y venir de un lenguaje a
otro, creo que los mejores solos se
producen en los pasajes trabajados a
partir de lo que se conoce como walking,
en los que Carcassés y Terry demuestran
plena madurez. El fonograma continúa con
la pieza que le da nombre a la grabación
y que también decursa por los caminos
del jazz latino o afrocubano, como
prefieren otros llamarle. Aunque la
creación no figura entre mis favoritas
del álbum porque me parece que posee
una coda poco feliz, ella deviene uno de
los contados momentos en que Yunior
Terry asume un rol protagónico en el
contrabajo y si soy sincero debo decir
que su actuación me resulta un tanto
inferior a las posibilidades que él ha
evidenciado en otros trabajos suyos.
“Inner guaguancó” es una de las piezas
en las que el grupo suena más empastado
como conjunto. Aquí se registra uno de
los mejores solos de Carcassés en el
fonograma, a tenor de lo que hace su
mano derecha, no únicamente desgranando
un discurso armado por una sucesión de
notas sino por el modo en que integra a
la improvisación ponches de acordes.
Pero si una creación se destaca por la
proyección de toda la banda trátase, sin
la menor duda, de “Con sabor”, en la
cual los solos de Roberto y de Yosvany
resultan en extremo calientes, y en
particular Terry demuestra ser uno de
los saxofonistas cubanos más aventajados
en el presente. La fórmula de apostar
por la hibridación de ritmos de
disímiles procedencias se vuelve a
emplear con sumo acierto en “Tenderly”,
donde el swing que la vocalista impregna
al clásico standard se integra de manera
muy orgánica a un fragmento adicional
incorporado al tema con los aires del
chachachá. Debe señalarse la perfecta
asimilación de los patrones rítmicos
cubanos por parte del baterista Josh
Jones, quien en “Here comes the King”
ejecuta un solo en el que pone de
manifiesto que él, además de mantener la
estabilidad de la marcha, también sabe
repartir en el instante en que le toca
el turno.
En fin, cuando el lector de compacto
arriba al último corte del disco, el
denominado “Noticiero”, que dicho sea de
paso es una auténtica gozada, hay que
reconocer que con la audición de
Twisted noon se ha disfrutado de un
buen álbum, que si bien no es una
propuesta innovadora ni de vanguardia
como la que uno puede esperar de gentes
como Yosvany Terry y Roberto Carcassés,
resulta atractiva y refrescante para los
ya —según mi opinión— demasiado
predecibles senderos del jazz latino. |